Gabrielle Deneige (Ludivine Sagnier) vive en Lyon con su madre Marie (Marie Bunel), una librera que ha criado sola a su hija. Gabrielle, una joven encantadora y espiritual, es “la chica del pronóstico del tiempo” en una cadena de televisión. En ocasión del lanzamiento promocional de un nuevo programa, Gabrielle conoce al escritor Charles Saint-Denis (Francois Berléand), que se ha instalado en la región desde hace ya algunos años. Entrado en los cincuenta, brillante, adulador, y mujeriego empedernido más allá de vivir un matrimonio aceptablemente feliz, Saint-Denis seduce a la joven apenas la conoce y en seguida se enamora de ella. Por otra parte, Paul Gaudens (Benoît Magimel), un hombre más joven, rico, caprichoso, y con extraños exabruptos de carácter, también intentará conquistar el corazón de Gabrielle, lo cual enciende la llama de la rivalidad, los celos y la perversidad en una escalada pasional de imprevisibles consecuencias.
En Una Mujer Partida en Dos, una chica joven y bella, toda ella frescura y candor, de repente se siente dividida, atrapada entre lo que podría llamarse dos modelos “típicos” de relación: hacer de “hija” de un famoso escritor, muchos años mayor que ella, que la convierte en su amante, y hacer de “madre” de un joven y millonario heredero, tan caprichoso y arrogante como guapo y seductor, que quiere convertirla en su esposa.
Este planteamiento convenientemente ríspido le sirve al gran Claude Chabrol, una vez más, para trazar una mordaz mirada a la sociedad contemporánea, a sus juegos de poder y a sus relaciones emocionales, filtradas en la mayoría de los casos por el interés y el egoísmo, ya sea económico, amoroso, o de una índole más oscura.











